viernes, julio 28, 2006

Me contaron: Los 3 vasitos y el mago.

Esta no me la contaron, lo ví con mis propios ojos, lo viví con mi propia vida. Estaba disfrutando de unas placenteras vacaciones (historia que no viene al caso, como les gusta a algunos que diga...) con un amigo en el paradisíaco San Clemente del Tuyú, cuando al segundo día, mientras caía la tarde y nacía la noche, decidimos caminar por la 1, que es la gran peatonal (4 cuadras, 2 para ir, 2 para volver) de dicho centro vacacional. A la tercera vuelta por la peatonal vimos en un lugar, una acumulación de gente que observaba algo o a alguien. Nos acercamos y vimos a un morochón, de manitos hábiles, que, sobre algo parecido a una tabla de planchar, practicaba un show con 3 vasitos y una pelotita. ¿En que consistía esto?. Fácil. Ponía la pelotita debajo de uno de los vasitos, movía para acá, movía para allá y... ¿dónde está la pelotita!!!??. Uno decía "acáaaaa" y correctoooo, allí estaba la pelotita, si el que decía "acáaaaa" lograba ver con ojo de lince los movimientos de las manos del cuasi-mago. ¿Qué era lo raro?, que al toque te decía "bueno, ahora por platita... veinte pesitos el mínimo, doble o nada" y uno ponía la tarasca, el muchacho la pelotita abajo de uno de los vasitos y jamás ví mover a alguien las manos a tanta velocidad. No había forma de descubrir, a menos que la suerte juegue para uno, donde estaba la pelotita. En un tiro, nos llamó la atención otro muchacho, que, cuando todos miraban y nadie se animaba, jugaba de la siguiente estúpida manera: Manitos habiles movía los vasitos con lentitud, como dejandose ver. El hombre del público decía "ahí !!!"... El otro decía "si estas seguro... veinte pesitos... doble o nada... doble o nada !!!", y el apostador dejaba de mirar al que movía los vacitos y buscaba la plata revisando sus bolsillos. Mientras este hacía eso, el otro le movía los vasos y le cambiaba de lugar la pelotita. Claro... el otro había dejado de mirar !!!. Entonces cuando sacaba los veinte mangos, los perdía porque el otro "le metió la mula". La gente lo miraba asombrado y pensaba "que boluuuuudo... ahora voy yo y me lleno de guita"... y manitos hábiles te dejaba boquiabierto y sin los veinte mangos con su velocidad. Al tercer día de ver al "boludo" hacer lo de "busco la plata, dejo de mirar y me garcas como los mejores" y al ver que cuando cayó la cana, salieron los dos corriendo casi de la mano, nos dimos cuenta que "los boludos" eramos nosotros que caíamos en la engaña-pichanga del mago y su asistente caza-pichones.

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